Cada hora que transcurre el BCRA sacrifica de sus reservas casi 2,5 millones de dólares sólo para cubrir la demanda de particulares por ventanillas oficiales y gastos con tarjeta fuera del país. En 2015, estos dos conceptos representarán el equivalente a cinco saldos comerciales. ¿Aguanta?

Durante los últimos 60 minutos, el Banco Central debió ceder de sus reservas, en promedio, más de u$s1 millón para poder “bancar” los viajes de argentinos al exterior, así como también sus gastos con tarjeta de crédito en moneda extranjera.
En agosto se estima que la fuga por esta vía representó casi u$s24 millones diarios, lo que arrojó un nivel mensual cercano a los u$s700 millones.
Paralelamente, cada 60 minutos la entidad monetaria también debe desprenderse de u$s1,3 millones para poder cubrir la demanda de “dólar ahorro”, que en agosto alcanzó un nuevo récord desde que la AFIP habilitara estas ventanillas.
Aun tras los intentos oficiales de restringir esa sangría, pese al llamado “cepo al cepo” con el que se intentó domar la fuga, el Central no deja de ver cómo se le escurren las reservas: en agosto, debido a la presión por parte de ahorristas y turistas, la entidad que conduce Alejandro Vanoli debió dejar ir la friolera de u$s1.400 millones.
Ahora bien, si el cálculo se realiza tomando como punto de partida el arranque del año, las cifras revelan un dinamismo realmente preocupante para la administración kirchnerista.
En especial, considerando el deterioro que han venido sufriendo las reservas líquidas –es decir, descontando swaps y pasivos monetarios-, las cuales apenas totalizan u$s12.000 millones, según cálculos de la Consultora Ledesma.
En concreto, entre enero y agosto, la profundización del atraso cambiario y la perspectiva de una próxima corrección en el valor del billete verde, llevaron a que:
• El BCRA deba ceder unos u$s3.650 millones para hacer frente a los gastos con tarjeta de crédito de turistas en el exterior, así como de aquellos que realizaron compras online en moneda extranjera desde sus casas, conocido también como “dólar Amazon”.
• En tanto, unos u$s1.965 millones fueron “succionados” por las agencias de turismo y líneas aéreas, que requieren de divisas para pagar a proveedores del exterior.
• A esto se sumaron cerca de u$s4.220 millones en concepto de “dólar ahorro”.
• Así las cosas, bajo estos tres ítems (tarjeta + turismo + atesoramiento), el BCRA debió desprenderse de una cifra cercana a los u$s10.000 millones, sólo en los ocho primeros meses del año.
Desde Economía & Regiones advirtieron que esta demanda “se financia con reservas del BCRA, por lo que en una Argentina con déficit de cuenta corriente y sin acceso a los mercados internacionales de crédito, cuanto más crezca esa cuenta necesariamente implicará menos tenencias en el BCRA y un deterioro de su balance”.
Según E&R, este drenaje continuo genera “una herencia monetaria que se encuentra entre las más pesadas que deja la administración K luego de doce años de gestión, que además hace menos sencilla una eventual política antiinflacionaria bajo el próximo Gobierno”.
Una “dupla” que barre con todo
Exactamente un día después de las PASO, el BCRA restringió en un 30% la entrega de billetes verdes a particulares. Claro que, conforme pasaron las semanas y fue reduciéndose el ingreso de “sojadólares, el “cepo al cepo” alcanzó niveles cercanos al 50%.
El problema para el Gobierno es que las trabas parecen haber llegado tarde. No sólo porque, pese a todos los esfuerzos, agosto marcó un nuevo récord de “dólar ahorro”, sino porque las divisas que se van por turismo representan una erogación 35% mayor para el BCRA y éstas, en general, no sufrieron limitaciones en lo que va del año.
Esto explica por qué esa “temida dupla” ha venido “barriendo” con casi todas las fuentes por las cuales ingresaron billetes verdes al país, como se desprende del siguiente comparativo:
• Superávit comercial: los u$s9.830 millones que resignó el BCRA por la demanda de particulares entre enero y agosto equivalieron a más de cinco saldos comerciales, dado que la diferencia entre exportaciones e importaciones arrojó un resultado de apenas u$s1.700 millones.
Cabe destacar que el superávit comercial viene de tocar el nivel más bajo de los últimos 15 años, debido principalmente al desplome de la competitividad cambiaria, a la caída de los precios de las commodities y a la crisis que afecta a Brasil.
• “Dólares chinos”: ahorro y turismo también superaron a la totalidad de fondos a los que debió echar mano Alejandro Vanoli en el marco del intercambio de monedas con China.
De un acuerdo por el equivalente a u$s11.000 millones, el Central ya utilizó tramos por casi u$s9.500 millones. Así las cosas, los particulares ya “aspiraron” el equivalente a todo el swap y hasta un “pucho” extra de casi u$s350 millones.
• Bonos y obligaciones negociables: allá por el mes de abril, el Gobierno había logrado obtener poco más de u$s1.400 millones con una nueva emisión de Bonar 2024, luego de la experiencia frustrada de diciembre de 2014, cuando salió a pedir u$s3.000 millones pero logró obtener una décima parte. A esa cifra se sumaron otros u$s1.500 millones por la colocación de obligaciones negociables de YPF y u$s1.000 millones más por emisiones de distintas provincias, lo que redondeó un total de u$s3.900 millones.
Así las cosas, los u$s9.830 millones que demandaron particulares y turistas representó una cifra casi 150% más elevada que el monto que recibió el BCRA en concepto de bonos y obligaciones negociables.
• Sojadólares: la “fuga” también le compitió con fuerza a la liquidación de divisas que realizan las cerealeras. Entre enero y agosto, los grandes exportadores ingresaron al país unos u$s15.050 millones.
Esto implica que 6,5 de cada 10 dólares que entraron por la venta al exterior de la cosecha de granos terminaron adquiriéndolos los particulares, ya sea en “cash” o indirectamente a través de pasajes, paquetes y compras con tarjeta.
Respecto a este punto en particular, hubo dos variables que afectaron aun más a las arcas del BCRA: por un lado, este año se está dando un mayor “encanutamiento” por parte de los productores rurales, que especulan con una devaluación próxima y con una quita de retenciones para algunos cultivos.
A esto se sumó la fuerte caída del precio de los granos. Esto provocó que el ingreso de divisas se redujera en casi u$s2.500 millones respecto al mismo lapso del año pasado.
• Deuda con importadores: técnicamente, los u$s8.500 millones que se “ahorró” de abonar hasta ahora el BCRA a empresas por operaciones de importación ya realizadas no representan un ingreso de dólares. Pero sí se trata de una de las maniobras más efectivas en términos del sostenimiento de las reservas que ha realizado la entidad monetaria, dado que el monto es equiparable a la negociación del swap con China.
El punto clave es que esos u$s8.500 millones que el Central no entregó a las empresas y sí se los dio a ahorristas y turistas, perjudicó a grandes industrias que abastecen al mercado doméstico, principalmente a automotrices y terminales electrónicas, que fabrican desde celulares hasta televisores LED.
Lo paradójico es que, mientras la administración kirchnerista continúa haciendo bandera sobre la necesidad de “continuar reindustrializando el país”, ese pasivo ahora deja a más de un centenar de empresas bajo peligro de caer en default privado.

¿Cuánto “aguantan” las reservas?
Según un informe de Ecolatina, “en la Argentina, la relación reservas brutas versus PBI es una de los más bajas de América latina”.
En concreto, las tenencias alcanzarían para “bancar” menos de siete meses de compras al mundo, mientras que 2009 esa relación llegaba a casi 15 meses.
Incluso, el nivel actual se encuentra muy por debajo de las cifras que exhiben otros países del “vecindario”, como Uruguay (21 meses), Brasil (20), Perú (18) o Colombia (9).

Para peor, este cálculo está hecho sobre la base de reservas maquilladas. Si la cuenta se hiciera considerando únicamente las reservas líquidas y el swap con China –que permite cubrir operaciones de compra de productos del gigante asiático-, entonces la capacidad del BCRA para responder a la demanda de los importadores alcanzaría apenas para cubrir cuatro meses y medio.
Para Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales, aun pese a los esfuerzos de Vanoli de imponer un “cepo al cepo”, el nivel de reservas necesario para poder sostener las compras al mundo de bienes que necesita la industria, es uno de los peores en más de cuatro décadas.
Un reciente relevamiento del experto advierte que la ecuación “es peligrosamente más delicada que en momentos críticos, como fue 1985, durante el lanzamiento del Plan Austral o en 1989, en momentos de la hiperinflación de Raúl Alfonsín”.
Además, el cálculo se realizó tomando como base un promedio de compras al exterior muy bajo, que se ve distorsionado por las restricciones oficiales, que mantienen “cajoneadas” Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) por más de u$s6.000 millones.

Meses bravos para el BCRA
Sin dudas se vienen meses muy complicados para el Banco Central, que encima deberá hacer frente al pago de una parte del vencimiento del Boden 2015, que representa la carga de deuda más onerosa de aquí a fin de año, dado que hay en juego u$s6.000 millones de las reservas.
El problema es que este compromiso tiene lugar en momentos en que el comercio exterior se muestra completamente anémico. La hipótesis de máxima es que el saldo entre importaciones y exportaciones arroje un saldo de apenas u$s3.000 millones.
De confirmarse ese pobre nivel de superávit y, en tanto y en cuanto la administración K no logre aplacar la demanda de particulares entonces, hacia fin de año, ahorro y turismo se habrán llevado más de u$s15.000 millones, el equivalente a cinco saldos comerciales (ver cuadro).

Claro que la peor parte, según un análisis del IARAF, se la llevará la próxima gestión, “que enfrentará una relación reservas/PBI que podría tocar el menor nivel desde la hiperinflación”.
Y, dado que los compromisos en dólares para los próximos cuatro años ascienden a casi u$s35.000 millones, “el Gobierno entrante enfrentará un gran desafío: conseguir un flujo de divisas equivalente, al menos, al cronograma de vencimientos de deuda, que le permita asegurar el funcionamiento fluido de la economía”, concluyeron.
La clave, además, pasa por ver cómo hará la nueva administración para contener la sangría por ahorro y turismo dado que, atraso cambiario mediante, esta “dupla temible” está demostrando de qué manera puede “barrer” con casi todas las fuentes de divisas