El año pasado, la mirada oficial se posó sobre los sojeros, las terminales automotrices y las distribuidoras eléctricas. Ahora, el Gobierno vuelve a advertir que “el mundo se cae encima” para explicar los problemas que arrastra la economía. Los seis “enemigos” que complican el camino a los comicios

Se cumple la profecía de Cristina: el mundo “se nos cae encima” y ahora el viento sopla contra la Argentina En la última semana el Banco Central frenó importaciones por u$s400 millones

Una de las bases del dogma del kirchnerismo ha sido, en los últimos años, la búsqueda de enemigos para intentar explicar algún mal que pesa sobre la economía.

Uno de los casos más recientes se dio en 2014, cuando el abrupto salto del dólar primero fue atribuido a las fuerzas oscuras de especuladores (fantasma corporizado en el CEO de Shell, Juan José Aranguren). Luego, el ahora ex titular del BCRA, Juan Carlos Fábrega, reconoció que había sido una decisión tomada por el propio Gobierno.
En la última década, fueron varios los sectores económicos señalados por intentar desestabilizar de algún modo al “modelo”. Los sojeros, por no desprenderse de los granos y perjudicar el ingreso de divisas; las petroleras, por producir menos y afectar el consumo; las automotrices, por “encanutar” 0Km y boicotear el plan ProCreAuto; las distribuidoras eléctricas, por no invertir lo suficiente y poner en riesgo la prestación de este servicio. Las empresas de consumo masivo, por no planificar bien y generar un desabastecimiento de tampones. Y la lista sigue.
Quien más ha venido apelando al recurso de los “conspiradores” sea el ministro Axel Kicillof. Ahora que entró toda la soja que habían prometido las cerealeras, el problema con el dólar no es resultado de políticas propias sino que es consecuencia del escenario externo.
Cuando recientemente se lo consultó por el futuro del cepo, el ministro sorprendió al pedirle a los ahorristas que se preocupen más por el contexto mundial que por el hecho de si hay trabas para la adquisición de divisas.
“La opinión pública tendría que tener una comprensión más general. El problema no es si se cambia o no una barrera para comprar dólares para ahorrar, me parece que el problema es lo que está ocurriendo con las monedas a nivel internacional”, sostuvo el funcionario.
Kicillof hizo referencia al desplome del precio de los commodities, a la apreciación de la divisa estadounidense en el mundo y a la menor demanda de Brasil como factores que están vulnerando la economía. Variables que justifican, a su entender, desactivar el debate sobre el futuro del cepo.
Los conspiradores vienen de afuera
En el último año de Cristina Kirchner en el poder, volvió a imponerse el postulado de “el mundo se nos cayó encima”, al que tantas veces apeló el Gobierno.
Para los expertos, hay mucho de cierto en esa máxima, dado que varios de los “motores” con los que contó la economía durante la última década, han perdido bastante potencia, a lo que se suman temas no menores, como las implicancias de haber caído en default.
El problema, bajo la óptica del economista Enrique Szewach, es que no se hizo mucho desde lo interno para hacer frente a un escenario de materias primas bajas, monedas debilitadas y un Brasil poco dinámico.
En diálogo con iProfesional, el analista destacó que “no es que el mundo se nos esté cayendo encima. El problema es que el Gobierno armó toda su estructura de gastos en función de un mundo que ya no existe”.
Para el analista, “el modelo tal como se concibió, sólo puede funcionar con una soja a u$s600 y un real a menos de 2 unidades por dólar. Pero hoy, la oleaginosa cuesta menos de u$s400 y la moneda brasileña está más cerca de los 3. Es inevitable que aparezcan las dificultades”.
Conspirador 1: soja débil
El bajón generalizado de las commodities es uno de los argumentos más utilizados por Kicillof a la hora de justificar los problemas con el manejo de las reservas.
Para Szewach, “el panorama es un poquito menos grave de lo que parecía porque ahora no sólo el precio de la soja está en baja, sino que también el del petróleo que importamos. Pero igual, en términos de ingreso de divisas, no va a ser un buen año”.
Actualmente, el “yuyito” cotiza muy lejos de los u$s600 que llegó a tocar hace menos de un año.
¿Cómo resultará la “cuentita” para el Gobierno? Según Miguel Kiguel, director de Econviews, “la caída de la soja y de otros granos, implicará que ingresen hasta u$s6.000 millones menos que en 2014”.
Paralelamente, el desplome del precio del crudo, que perforó el piso de los u$s50 el barril, es una buena noticia, pero tiene un efecto limitado en términos de “ahorro” de divisas.
Sucede que la Argentina también exporta derivados de petróleo y que el 50% de las importaciones son de gas, cuya cotización no bajó en la misma magnitud. Así, desde Ecolatina estiman que la mejora en la balanza energética será de apenas u$s1.100 millones.
Si se suma el menor ingreso por exportaciones al agro, entonces la crisis de las commodities le estará restando este año al BCRA cerca de u$s5.000 millones.
Sin embargo, este panorama podría suponer un leve alivio en el frente fiscal: por derechos de exportación de granos y combustibles, el Gobierno dejaría de recibir unos $11.000 millones pero, ante el abaratamiento del petróleo, los subsidios energéticos sea achicarían en $17.500 millones.
El problema, sin embargo, estará a mediano plazo, dado que con un barril en estos niveles, hasta el propio titular de YPF, Miguel Galuccio, reconoció que se desacelerará el flujo de inversiones en Vaca Muerta.
Pero la problemática supera al tema fiscal y monetario. La clave también pasa por los inconvenientes que sufrirán las economías regionales por el menor dinamismo del agro.
Para el analista Salvador Di Stefano, “con los precios actuales, la soja tampoco muestra rentabilidad sobre campo alquilado”, lo que derivará en menor producción y caídas en ventas tanto de maquinaria agrícola como de camionetas.
Conspirador 2: dólar fuerte en el mundo
Bajo la óptica de Kiguel, el fortalecimiento del dólar a nivel global asoma para quedarse, dado que “todavía cuenta con mucho recorrido para seguir apreciándose”.

El propio Kicillof advirtió que “el incremento de la tasa de interés en Estados Unidos, después de mucho tiempo de tipos de interés muy bajas, va a generar violentos flujos de capitales y tormentas financieras y cambiarias”.
El escenario del cual hoy se parte no es bueno: durante todo 2014, la Argentina fue el país de la región que más devaluó nominalmente (31%), duplicando a Brasil y casi triplicando a México.
Sin embargo, con una inflación del 37%, se convirtió, a la vez, en el único país cuya monedea se apreció en términos reales, frente a economías como la de Colombia, Chile, México y Brasil, que ganaron entre 7% y 18% de competitividad cambiaria (ver cuadro).

“En el arranque de 2015, el Gobierno está intentando que el tipo de cambio juegue el rol de ancla antiinflacionaria, en un contexto en el que los principales competidores de América latina han permitido una devaluación de sus monedas”, advirtió Jorge Vasconcelos, economista del IERAL.
La consecuencia de esto, según Econviews, es que el tipo de cambio real contra el dólar “se ubica en los mismos niveles previos a la depreciación de enero de 2014”, mientras que la competitividad frente al real brasileño y a una canasta de signos monetarios con los que comercia el país, hoy registra el peor nivel de toda la era kirchnerista (ver cuadro).

En momentos en que Kicillof y Vanoli descartan cualquier movimiento brusco del dólar, cámaras empresarias brasileñas, como Anfavea (que nuclea a fabricantes de autos), ya están trabajando con una pauta de 3,10 reales por dólar hacia diciembre, lo que implicaría una devaluación de casi 20%.
Conspirador 3: las potencias mundiales
La Organización Mundial del Comercio (OMC) días atrás falló en contra de la Argentina y declaró ilegal todo el andamiaje proteccionista con el que el Gobierno está frenando las importaciones para así intentar cuidar reservas.
El dictamen fue favorable a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, quienes plantearon que el “cerrojo” aduanero que viene aplicando el Ejecutivo desde hace años afectó sus exportaciones.
Para los expertos, este fallo es trascendental, especialmente desde lo simbólico, porque se constituyó en la primera condena a gran escala a la política de administración del comercio que levantó el Gobierno a lo largo de la década para contener la salida de divisas.
Días atrás, el secretario Augusto Costa ratificó que las Declaraciones Juradas seguirán vigentes.
El problema, bajo la óptica de Marcelo Elizondo, experto en comercio exterior, es que si la OMC no ve resultados, entonces podría habilitar sanciones en contra de la Argentina a partir del segundo semestre, que podrían trepar a los u$s6.500 millones anuales.
Una caída en el ingreso de divisas vía exportaciones es un problema en momentos en el que el Ejecutivo pretende llegar a las elecciones con reservas controladas y un tipo de cambio equilibrado.

Conspirador 4: Rusia en crisis
Cuando a fines de 2014 hizo eclosión la crisis rusa, los analistas miraban con preocupación el riesgo de un nuevo “efecto vodka” y su derrame sobre la economía mundial.
La última novedad es que la agencia Fitch acaba de situar a la deuda soberana de Rusia a un paso del llamado “bono basura”.
“La Argentina sufrirá complicaciones a la hora de contar con fondos de ese país para engrosar las reservas, en la llegada de nuevas inversiones de ese origen y en la menor demanda de alimentos”, advirtió Szewach.
Este punto no es menor: según un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, Rusia es el destino del 40% de las exportaciones agrícolas de las economías regionales.
Los efectos de un rublo muy debilitado ya se hicieron sentir: los envíos de frutas y otros alimentos cerraron el 2014 con un desplome de entre el 40% y el 80%.
Para Raúl Robín, presidente de Economías Regionales de CAME, también se verán afectados los envíos de productos lácteos, huevos y derivados.
En el plano de las inversiones, para Vasconcelos, esta crisis complica la llegada de fondos frescos.
Hay bajas probabilidades de que se concrete el desembarco de la gasífera rusa Gazprom, que iba a realizar un desembolso inicial de u$s1.000 millones, así como de otros proyectos en el campo de la maquinaria pesada y la industria automotriz.
Conspirador 5: Brasil “anémico”
El gigante sudamericano es uno de los pilares que venía explicando gran parte del viento de cola de la última década. Lo que suceda en Brasil es clave no sólo para el Gobierno, sino también para las empresas locales, dado que el principal socio de la Argentina:
• Adquiere 5 de cada 10 autos que se producen localmente.
• Demanda más del 40% de todos los bienes industriales que se exportan con sello albiceleste.
El problema es que, este año, con una Dilma Rousseff más “austera” y avanzando con un ajuste fiscal, Brasil no será la locomotora de otros años.
“Las perspectivas para la economía vecina no son buenas. El PBI va a estar estancado, la industria no se recuperará a corto plazo y la menor demanda afectará a algunos sectores, como la industria automotriz, petroquímica y alimenticia”, sostuvo Diego Coatz, economista jefe de la Unión Industrial Argentina.
“Brasil va a demandar muchos menos productos nacionales y eso lo vamos a pagar con menor crecimiento de la economía”, coincidió Miguel Ponce, ex gerente de la Cámara de Importadores.
Conspirador 6: los “fondos buitre”
Los holdouts se han convertido en los destinatarios de casi todos los dardos que lanza la administración kirchnerista.
Kicillof, incluso, acusó a los fondos buitre de “intentar provocar un descalabro en la región” y de actuar como “mafias”.
Lo cierto es que, en el último semestre, prácticamente todos los papers de economía que hacen circular las consultoras incluyen la frase “si hay arreglo con los holdouts” como un condicionante fundamental para que la economía argentina crezca este año.
Sin embargo, tras la caída de la cláusula RUFO, lejos de haberse dado un acercamiento, se profundizó la distancia respecto de un posible arreglo.
El Banco Mundial acaba de publicar un informe según el cual se prevé que en 2015 el PBI sufra una retracción del 0,3%, luego de haber cerrado 2014 con una caída del 1,5%.
A la hora de explicar las razones de esta magra performance, el organismo justamente hizo referencia al descenso en su calificación crediticia hasta “default selectivo” como consecuencia del incumplimiento de los pagos de los bonos de la deuda, que limita el acceso al mercado de capitales y condiciona las perspectivas económicas.
La imposibilidad de obtener financiamiento externo, así, aparece como una clara divisoria de aguas. El economista Miguel Bien recientemente indicaba que “si no hay negociación, entonces faltarán dólares, las expectativas de devaluación van a crecer y lo más probable es que la actividad caiga”.
En este contexto que empuja al Gobierno a aferrarse al postulado del “vivir con lo nuestro”, analistas advierten sobre los riesgos de que la política monetaria se vuelva más expansiva, conforme se acerquen los comicios.
Para Szewach, “el objetivo hasta ahora es pasarle el problema a la próxima administración. Salvo que surja realmente un candidato propio. Ahí van a tener que introducir modificaciones”