En el país vecino estan pidiendo hasta $275 pesos argentinos por dolar . La paridad implícita del mercado cambiario uruguayo refleja una expectativa de devaluación cada  pesos por vez mayor. Si sube el blue se alejan las puntas del spread . 

En el clásico e interminable debate argentino sobre la mejor forma para determinar si hay atraso cambiario se recurre a diversos métodos: los más típicos son comparar el tipo de cambio contra una canasta de monedas, cotejar el índice Big Mac o contrastar la evolución del dólar con la inflación durante un período determinado de tiempo. Pero hay otros, acaso no seguidos tan de cerca, pero que pueden resultar realmente shockeantes: la expectativa devaluatoria implícita en el mercado de cambio de países vecinos.

En Uruguay, por ejemplo, es tal la percepción de riesgo que tienen de que el peso seguirá perdiendo valor frente al dólar, que las casas de cambio casi no los reciben. Y si se intenta allá comprar dólares con pesos argentinos, hay que estar preparados para pagarlos bien caros: vale 275 pesos cada dólar.

La verdad es que los uruguayos no quieren ni ver un peso argentino. Y por eso pagan cada vez menos por ellos. Eso queda claro cuando se miran las cotizaciones no sólo de las pizarras de las casas de cambio uruguayas, sino incluso la página web del Banco República: por cada peso argentino se reciben sólo 0,16 uruguayos. Y se necesitan 44 uruguayos para comprar un dólar.

Así, en el hipotético caso de que uno pudiera viajar a Uruguay y llevara pesos con la intención comprar dólares allá, tendría que pagar 275 pesos por cada dólar. Un valor mucho mayor, incluso, que los 138 pesos que esta semana alcanzó el dólar blue. Incluso muy por encima de los 170 pesos que algunos aseguran que el paralelo costará a fin de año.

“Es una locura lo que pagan por el peso argentino, es como si no supieran cuál es el valor real del peso”, señaló Sebastián Centurión, analista de ABC Mercado de Cambios. Pero admitió que “esta situación, la expectativa que tienen afuera de cómo el peso seguirá devaluándose, es producto de la incógnita que resulta de no saber hacia dónde va nuestra economía y el hecho de tener tipos de cambios múltiples”.

Es muy probable que el hecho de que en la Argentina haya un dólar oficial, otro “solidario”, un dólar MEP, otro contado con liqui y un dólar “blue” o paralelo, distorsione la percepción que pueden tener fuera del país sobre cómo evolucionará el mercado de cambios local. Sin embargo, Centurión aseguró que “de todas maneras, que el dólar termine costando allá 270 pesos contra 130 que vale el paralelo acá es demasiado, es un 100% más y resulta muy extraño”.

Otros analistas, atendiendo los antecedentes de cómo funcionó el mercado uruguayo durante el cepo en la versión de Cristina Kirchner, durante 2011 y 2015, ven la situación como un resultado inevitable del ensanchamiento de la brecha entre el tipo de cambio oficial y el del mercado paralelo.

El peso, cada vez menos

Visto en perspectiva, nos damos cuenta que hace tiempo ya que los uruguayos prefieren no tener un peso argentino cerca. De hecho, hace rato ya que comprar dólares en Uruguay con pesos argentinos es mucho más caro que acá: a fines de abril, cuando el blue aquí cotizaba a 120 pesos, el Banco Nación (sucursal Uruguay) lo vendía allá a 180 pesos.

A mediados de mayo pasado, al realizar una estimación similar a la actual, se observó que por cada peso argentino el Banco República pagaba 0,23 uruguayos y, aunque el dólar allá cotizaba entonces más alto para la venta (valía 46 uruguayos, hoy vale 43,75), se necesitaban 207 pesos para comprar un dólar, 66 pesos menos de los que hacen falta ahora. En ese momento, el dólar blue se vendía aquí a 138 pesos en el mercado paralelo.

Entonces, el aumento que se da en Uruguay de las expectativas de devaluación en nuestro país queda más que claro cuando se observa la evolución de las paridades en pocos meses: en diciembre pasado -en temporada turística y con el nuevo gobierno argentino recién estrenado- se necesitaba 124 pesos argentinos para comprar un dólar en el país vecino; en mayo -ya con pleno impacto de la cuarentena- la paridad había subido a 207 pesos; y en apenas tres meses trepó al extravagante precio de 275 pesos argentinos por dólar.

El spread, la medida de la desconfianza

La otra medida de la pérdida de confianza en el peso argentino es el ensanchamiento del spread. En criollo, la distancia entre las puntas del tipo de cambio comprador y el vendedor. Eso sería porque en Uruguay a la hora de comprarlo, el peso argentino cotiza a 0,62 uruguayos. Es decir, que lo toman a 0,16 uruguayos cuando lo compran pero lo venden a 0,62. Una diferencia abismal entre la cotización de compra y la de venta. Se trata de una diferencia de 3,8 veces para ser exactos, o del 280%.

Podría argumentarse que eso es lo típico para un momento de muy bajo intercambio de monedas por la caída del turismo. Sin embargo, cuando se observa la relación de los pesos uruguayos con los reales brasileños, no ocurre un spread tan marcado como el que hay con los pesos argentinos, ya que la brecha entre el precio de compra y venta entre esas monedas es de apenas el 27%.

Y la conclusión inquietante es que si el spread se ensancha es porque mientras la punta compradora se mantiene alineada con el tipo de cambio oficial del BCRA, la vendedora va fluctuando a medida que sube el blue. O, en otras palabras, va reflejando el riesgo de una devaluación en Argentina.

“El spread en Uruguay se agrandó mucho, y eso sólo ocurre cuando hay fuertes distorsiones cambiarías y las expectativas de devaluación de una moneda son muy altas”, señaló un operador y analista del mercado cambiario local. Y observa que ese tipo de cambio no se limita a seguir al blue sino que amplifica su variación.

Para ponerlo en números, mientras el dólar paralelo en Argentina esta semana cotizó en torno a 138 pesos, el tipo de cambio en implícito en Uruguay -si se pudiera viajar, claro- implicaría comprarlo a $ 275. Pero, en la otra punta del mercado, si un estadounidense estuviera de paseo en Uruguay y su siguiente destino fuera Argentina, y quisiera comprar pesos argentinos para visitar nuestro país, el precio cambia totalmente. Por cada dólar que este turista cambiara le entregarían 41,80 uruguayos, con los que podría comprar 67,40 pesos.

Esto significa que por cada dólar, recibiría una suma un poco -9 por ciento, más precisamente- por debajo del dólar oficial mayorista, que esta semana se mantuvo en torno a $73,50.

En el mercado no tienen dudas sobre cómo interpretar esta situación: “Esto es porque en Uruguay ninguna casa de cambio quiere tener pesos argentinos, por el riesgo devaluatorio que implica y por la baja demanda que hay de nuestra moneda”, señaló un analista del mercado cambiario que suele operar en ambas orillas.

Cuanto mayor es la brecha del dólar paralelo con el oficial, mayor es el spread que se observa en el mercado uruguayo

Lo cierto es que esas expectativas devaluatorias aumentan allá y acá, cada vez se realizan los pronósticos sobre cuánto valdrá el dólar a fin de año. Mientras algunos aseguran que el oficial habrá aumentado apenas un poco y estará entre 88 y 90 pesos, hay quienes aseguran que el Gobierno deberá soltarlo más y lo dejará subir apenas por arriba de 100 pesos.

En tanto, otros se animan a vaticinar un dólar blue cercano a los 170 pesos, un poco lejos de la cotización actual, que es igual al máximo que tocó en mayo, de 138 pesos.

Sin embargo, aunque la mayoría de los analistas coincide en señalar que el acuerdo con los acreedores por la deuda soberana descomprimirá el mercado de cambios, lo cierto es que la demanda de dólares por parte de los ahorristas no cede y ya circulan todo tipo de versiones: aumento del impuesto al dólar solidario o, directamente, reducción o eliminación del cupo de 200 dólares por persona por mes para comprar en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC).

Como sea, hay otro indicador inquietante para sumar al análisis. Un dólar de 275 pesos, que por supuesto sólo ocurre si alguien intenta cruzar el Río de la Plata y comprarlo aquí nomas, en la otra orilla, en Uruguay. Eso sí, con pesos argentinos, esos billetes que allá (¿y acá?) nadie parece querer.