General Motors se suma al caso Renault y al de una gran cantidad de empresas que sufren en carne propia el lado más oscuro del default. Sin crédito, el Gobierno “terceriza” el problema de la falta de divisas a las compañías. Se reduce la oferta de productos, se vende menos y se resiente el empleo
Se cumple la profecía de Cristina: el mundo “se nos cae encima” y ahora el viento sopla contra la Argentina En la última semana el Banco Central frenó importaciones por u$s400 millones

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Los empresarios argentinos empezaron a entender quién será la primera víctima del default que aisló a la Argentina del mercado de crédito: ellos mismos, que pasaron al último lugar de la fila a la hora del reparto de dólares del Banco Central.

Así, se empiezan a tornar rutinarias las noticias sobre problemas de importación por falta de divisas. Este jueves se conoció el caso de General Motors Brasil, que tomó la decisión de suspender las ventas hacia la Argentina, por no tener garantías de que, tras los envíos de los autos, pueda hacerse de los dólares correspondientes.

“La industria automotriz no consigue la moneda americana en el Banco Central de la Argentina”, afirmó el presidente de la compañía para toda América del Sur, Jaime Ardila, para quien “las cosas se normalizarán cuando el problema con los holdouts se solucione”.

No se sabe qué tan optimista es el ejecutivo respecto de cuándo ocurrirá esa normalización. Pero lo cierto es que, por ahora, debe considerarse suspendido el normal intercambio comercial entre las filiales argentina y brasileña de GM.

Lo peor de todo es que la noticia ni siquiera sorprendió demasiado, porque en semanas previas se había conocido una situación similar en Renault, que paralizó las importaciones de tres modelos.
Así, lejos de representar un caso aislado, lo de General Motors parece ser apenas la punta del iceberg. Analistas de comercio exterior aseguran que Volkswagen, Toyota y Fiat observan esta situación muy de cerca y no descartan medidas similares.

Lo cierto es que la escasez de dólares -y su correlato de empeoramiento en el clima de negocios- está tomando tal dimensión que hoy los empresarios hasta extrañan los tiempos en los que Guillermo Moreno les demoraba las importaciones.
“Moreno hoy es Gardel. Cuando estaba en la Secretaría pedía el 1 a 1 y esto a los importadores les representaba un sobrecosto de entre el 5% y el 10%. Ahora a las grandes empresas les están pidiendo que consigan divisas en el conta con liqui, con lo cual, la erogación extra asciende al 50%”, confiesa Miguel Ponce, gerente de la Cámara de Importadores.

Este empresario, avizorando lo que se venía tras el fracaso de las negociaciones con los “buitres”, les había advertido a sus colegas: “Muchachos, a partir de ahora, a ajustarse los cinturones”.

Y confirma que, cada vez más, quienes dependen de insumos externos se resignan a que no les queda otra alternativa que buscar los dólares en el mercado del “conta con liqui”, donde deben pagar un sobreprecio de 60%: “En la desesperación, por falta de insumos, sabemos de algunas que se vieron obligadas a tomar esa vía”, afirma.
Con el tanque en reserva
El diagnóstico de los economistas es que el superávit comercial -es decir, los dólares resultantes entre ventas y compras al mundo- pasó a convertirse en la última fuente genuina de divisas estadounidenses.
Así, una vez caída la opción del financiamiento internacional hasta nuevo aviso y tras una cosecha de soja que lejos estuvo de generar la “lluvia verde” esperada por el Ejecutivo, las operaciones de importación se convirtieron en un campo minado para gran parte de las más de 6.000 empresas que actualmente dependen del ingreso de insumos, componentes, maquinaria o bienes de consumo.
“Uno de los principales problemas que enfrenta el Ejecutivo es la escasez de dólares. Ausente el ingreso por la vía financiera tras el default y con una inversión extranjera pobre, las únicas divisas para esta administración provienen del comercio exterior”, resumió Marcelo Elizondo, ex director de Fundación ExportAr.
Es así como, debido al pago de la “factura” energética, a los compromisos de deuda, al flojo desempeño exportador y a los más de u$s1.800 millones que llevan comprados los particulares entre dólar “ahorro” y “turista”, se dispararon las alarmas del Banco Central por el deterioro de las reservas.
Cabe destacar que, en 2009, según datos del Estudio Bein, las tenencias del BCRA equivalían al pago de 15 meses de importaciones. Ya en 2013, la relación cayó a unos 6 meses, en tanto que en la actualidad, alcanzan para cubrir apenas 5 meses.
Este cuadro de situación llevó en las últimas semanas a un freno casi completo de las compras al mundo, “cerrojo” que fue padecido especialmente por las grandes empresas.
Es en este contexto en que el Gobierno avanzó con un doble “candado”: por un lado, continuó con el “retaceo” habitual de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación, un documento que debe contar con el visto bueno de la Secretaría de Comercio Interior.

Por otro, sumó a un jugador nuevo, que se convirtió en el “árbitro” que decide qué empresa puede pagar a sus proveedores del exterior y cuál no: el Banco Central.
“Hasta antes del default, las compañías de los principales rubros de actividad, como el automotriz, electrónica, energía, minería y retail, no venían teniendo grandes problemas para operar. La novedad es que ahora el panorama cambió radicalmente y ya no hay sectores ´intocables´. La mano se endureció para todos”, disparó Ponce, en diálogo con iProfesional.
Según el directivo de la entidad, que haya menos dólares disponibles “también está llevando a una situación dificilísima a miles de pequeñas y medianas empresas, que ahora deben pelear más para que les autoricen una operación de importación”.
La razón de la entrada en escena del BCRA, advirtió el presidente de una cámara de electrónica, se debe a que “tras el fallo de la OMC, que condenó a la Argentina por las prácticas proteccionistas, el Gobierno ya no puede abusar de las DJAI. Por eso ahora, a las empresas que tienen todo en regla para operar les dan el visto bueno. Pero después interviene el Central, que no le habilita dólares”.
Así, la entidad que conduce Fábrega tiene “pisado” el pago de cerca de u$s4.000 millones para importaciones ya realizadas. Es decir, son embarques que arribaron al país pero que las firmas no pudieron cancelar con sus casas matrices o proveedores del exterior.
Se trata de una deuda asumida en moneda estadounidense y que muchos ejecutivos temen que, devaluación mediante, se convierta en una “bomba cambiaria”.
Pero el problema no está “encapsulado” en los despachos de los CEO. Por el contrario, la falta de divisas está afectando a empresas de un amplio abanico de rubros, generándose así un “cepo” al crecimiento con serios efectos colaterales:
1- Un castigo a la industria y al empleo
Según Ponce, “más del 70% de todas las importaciones, medidas en divisas, tienen como destino a firmas que exportan y también venden su producción en el mercado interno. Es decir que la decisión del Gobierno de limitar el ingreso de bienes del exterior está afectando la generación de dólares para la economía”.
Para el director de Abeceb, Dante Sica, hoy en día “la capacidad productiva de la Argentina se ve muy comprometida por la falta de divisas”.
Según el experto, uno de los sectores más afectados es el automotriz, “con terminales que trabajan un solo turno por la baja de la demanda”, pero también “por la falta de insumos importados, necesarios para la producción”.
Al menos, la mitad de todas las plantas automotrices del país están aplicando planes de contingencia contra la crisis.
Se estima que, de los u$s4.000 millones que mantiene “pisados” el BCRA, más de un 50% corresponde a importaciones del sector automotor. En tanto que cerca de un 25% responde a operaciones realizadas por firmas instaladas en el polo electrónico de Tierra del Fuego, desde donde se abastece entre el 90% y el 100% de la demanda doméstica de celulares, notebooks y televisores.
El titular de una cámara de electrónica, que pidió estricto off the record, reconoció a este medio que “por falta de insumos, todas las semanas hay alguna empresa con sus líneas de producción frenadas, lo que las obligó a adelantar vacaciones o suspender a una parte del personal”.
Así las cosas, Ponce consideró que “esta crisis por falta de divisas está dejando en claro que pegarle a las importaciones es también pegarle a la industria y al empleo”.
2- Menos oferta para el consumidor
Si antes de la crisis con los holdouts se hablaba de problemas en la oferta y calidad de los productos comercializados en la Argentina, entonces el panorama actual luce incluso más desalentador.
Desde las automotrices vienen advirtiendo por crecientes dificultades en la disponibilidad de stock de diversos modelos, especialmente de aquellos que llegan desde Brasil. Esto desató una dura pelea entre las empresas y el Gobierno, que las acusó de “encanutar” los autos.
Sin embargo, desde Abeceb, el economista Gonzalo Dalmasso ratificó la postura de las terminales: “Sabemos de diversos modelos de marcas premium y generalistas que están registrando demoras en las entregas por problemas en las importaciones”.
Paralelamente, desde una de las principales cámaras de línea blanca del país -sector que nuclea a fabricantes de heladeras, lavarropas y cocinas-, reconocieron a este medio que “la oferta de productos importados, que se orienta especialmente a los artículos premium y de mayor valor, registra muchísimos faltantes. Lo que queda, en líneas generales, es lo que se trajo en el primer semestre”.
En el terreno de la electrónica, el gerente de una de las licenciatarias de Apple en la Argentina, confirmó que “estamos teniendo dificultades todos los meses. O no nos autorizan las DJAI o el BCRA no nos habilita la operación”. Su caso sirve para ilustrar que el operativo “dólar cero” impulsado por Fábrega, no sólo afecta a las multinacionales, sino que también pega de lleno en retailers medianos y chicos.
Según el empresario, “hoy nos está faltando el 40% de los productos que conforman el portfolio de la marca”.
Las dificultades de hacerse de dólares también se está traduciendo en góndolas vacías en una de las principales cadenas de electrónica del país: mientras que en diciembre último disponía de casi 100 modelos de celulares, hoy tiene a la venta 60. En el caso de consolas, pasó de ofrecer más de 15 opciones a tan sólo 8. En lo que respecta a notebooks, el inventario también se achicó: de las 25 versiones a la venta, hoy apenas cuenta con diez.
3- Mayor suba de precios
Ponce reconoció que, “cuando se achica la oferta en el mercado interno” es natural que “los precios, al haber menos competencia, tiendan a la suba”.
Esto mismo ya lo avaló el propio Gobierno, en particular, la ministra Débora Giorgi, quien tiempo atrás había advertido a empresarios que no iba a dejar “la vaca atada” para que los fabricantes abusen y remarquen precios ante la falta de productos importados.
En este sentido, un representante de una firma tecnológica reconoció off the record que, “si de un modelo tenemos un solo producto, no sabemos cuándo vamos a poder reponerlo y encima estamos previendo un ajuste del tipo de cambio, es lógico que le terminemos aplicando un margen mayor para cubrirnos”.
En el plano automotriz, el menor stock y la incertidumbre respecto al futuro del tipo de cambio, también están llevando a que los precios de los autos estén sufriendo ajustes prácticamente cada dos meses.
En el caso de Renault -como se dijo, una de las empresas más perjudicadas por la falta de dólares-, esto se vio reflejado en los tres modelos que no pueden ser importados desde Brasil:
• El Logan II Authentique 1.6, hace tres meses valía $114.200. Hoy cuesta casi $130.000, un 13% más.
• El Sandero Authentique Pack, valuado en $120.900 en mayo, ahora “cotiza” a $132.400, un alza de casi 10%.
• La Duster 4×2 Confort, en tanto, pasó de costar $161.000 a casi $181.000, exhibiendo un ajuste del 12%.
En todos casos, se trata de subas que hasta triplican el alza que experimentó el dólar oficial -el utilizado para importación- en ese mismo lapso.
4- Alza en los costos de reposición
Para Ponce, la brecha cambiaria, reflejo de la escasez de divisas, hoy es un problema para todas las empresas.
“En los últimos meses, el sector importador se había acostumbrado a trabajar con un gap entre el oficial y el paralelo del 30%. Hoy estamos en más del doble. Así es una tarea dificilísima planificar el costo de reposición de un insumo o de un bien para consumo final”.
Según Ponce, “esto llevó a que hoy haya firmas que estén calculando dicho costo de reposición a ´ojímetro´, lo que es claramente inflacionario”.
En los sectores que no están tan expuestos al “radar” oficial -como sí ocurre con alimentos o productos farmacéuticos-, algunos importadores, al tener que vender en pesos, ya están trabajando con una cotización del dólar cercana a los $10, valor que se asemeja bastante al que el mercado prevé para fin de año.
Pero entre las empresas grandes, estas maniobras no son fáciles de realizar. Las automotrices figuran entre las más perjudicadas, dado que no cuentan con dólares del BCRA y debieron asumir una deuda de u$s2.500 millones con sus proveedores externos para, en gran medida, contar con insumos y así producir vehículos para el plan ProCreAuto.
Es decir, importaron autopartes en dólares para fabricar unidades que se venderán en pesos y a precios congelados. Así, de sobrevenir una devaluación en los próximos meses, los empresarios pueden sufrir un “descalce” importante.
Según el economista Enrique Szewach, “al no poder aumentar más su deuda, las empresas frenaron las importaciones. Esto generó un parate en la producción y lo que tienen para vender no saben a qué precio hacerlo para después poder reponerlo”.
5- Pérdida de competitividad
Como se señaló, a medida que el BCRA limitó la entrega de dólares, muchas compañías no tuvieron más remedio que frenar embarques.
Frente a esta decisión, desde la entidad que conduce Fábrega habría llegado una bajada de línea: que las firmas cancelen estos compromisos consiguiéndose ellas mismas las divisas en el mercado de conta con liqui.
Claro que este esquema se vuelve insostenible para las compañías exportadoras, ya que que por cada dólar en concepto de ventas al mundo reciben $8,4 mientras que cada billete verde de importación deben pagarlo a más de $13.
“Si después de esto, a una empresa le queda un mercado en el exterior en pie, es un milagro”, completó el gerente de CIRA.
Así, en momentos en que las reservas continúan cayendo y no se vislumbra la luz al final de ese túnel llamado crédito internacional, para Sica, “la disponibilidad de dólares se ha convertido en el insumo principal para la oferta de productos en la economía argentina”.