El arsenal “ACME” que se viene: desacato, embargos, litigios de los “holdouts 2.0” y aceleración de pagos Crónica de un día agitado: esto pasó en la city con el dólar el día después que Argentina “pateó el tablero” de la deuda Estos son los problemas que ya comienzan a tener los empresarios que comercian con otros países La jugada de Cristina Kirchner ya comenzó a darle rédito político: la oposición se muestra incómoda y dividida

El dólar libre marcó un nuevo récord este jueves al cotizar a 13,95 pesos para la punta vendedora en las cuevas del microcentro porteño. Incluso, antes del cierre llegó a tocar los 14 pesos.

Es decir, avanzó 40 centavos más que en la jornada anterior. De esta manera, la divisa mostró un salto superior al 3% en una sola jornada.
En cuanto al dólar oficial, también pegó un salto ya que el Banco Central devaluó este jueves 8 centavos, para ubicarse en $8,405 para la venta. Lo que fue la mayor alza en siete meses, cuando el 23 de enero la autoridad monetaria avaló una devaluación de $1,21 en sólo cinco días.

De esta manera, la divisa destinada al ahorro se operó a $10,09 y el tipo de cambio para pagos con tarjeta o turismo al extranjero 11,35 pesos.

Por lo que la brecha entre el dólar oficial y el blue se amplió a 66 por ciento.

Según fuentes de la plaza cambiaria consultadas por iProfesional, el notorio avance del billete oficial se debió a que “el Banco Central no intervino en el mercado cambiario para estabilizar el precio, aunque sí lo hizo fuertemente en el de futuros”.

y agregó: “Si no hay señales de la entidad monetaria, el billete tenderá a subir, por lo que en estos momentos de incertidumbre no es usual lo que hace ya que está dejando que el mercado maneje la situación, cuando lo lógico sería que el propio BCRA sea el que intervenga para mostrar que controla el valor del dólar”.

Entonces, ¿por qué el Gobierno dejó deslizar a la divisa estadounidense? Según los analistas consultados por iProfesional, aun no se pueden sacar conclusiones del objetivo certero solamente por estos tres días de la semana donde se generó este movimiento levemente devaluatorio.

Mientras tanto, los rumores en la city porteña fueron varios y contrariados: por un lado, se susurró que pese a la desmentida oficial “se viene un salto devaluatorio grande que llevaría al billete a $10 y un feriado bancario el lunes”.

También se escuchó que “dejó que escale hoy para bajarlo mañana y castigar al que compró caro”, o bien, que el Central no intervino para “proteger las reservas”.

Por ahora, todo dependerá de lo que suceda en los próximos días con el conflicto con los holdouts y las decisiones políticas que puedan llegar a haber.

En cuanto al dólar que se obtiene en el mercado bursátil, el “contado con liquidación”, la operatoria que permite hacerse de billetes con la compra-venta de acciones argentinas que cotizan tanto en Buenos Aires como en el exterior, avanzaba hasta los $12,40.

Y en la versión local (“conta con liqui casero” o “dólar bolsa”), realizado con títulos públicos nominados en pesos y dólares, su valor ascendía hasta los 13,14 pesos.

Los operadores de cambio comentan que el mercado mantiene una postura tomadora de divisas en un contexto expectante y con negocios reducidos. “El dólar sigue subiendo porque todos quieren proteger sus tenencias, y en un mercado tomador y sin vendedores, no hay otra salida que un dólar más caro”, dijo un agente de cambio a Reuters.
“Incertidumbre, alta inflación y desaceleración de la economía son los condimentos que se juntan para explicar la suba del dólar”, dijo otro operador.

“El panorama definitivamente no cambia para mejor, Argentina continúa aislada de los mercados internacionales de crédito en un momento en que los dólares son un bien escaso”, indicó la consultora Delphos Investment.

Asimismo, la oferta de divisas está debilitada por el final de la cosecha de granos y una demanda sostenida, se eleva la cotización y esto empuja al oficial a avanzar sostenidamente.

El Gobierno descartó el jueves volver a devaluar abruptamente al peso como sucedió en enero, a pesar de quejas de empresarios de que la alta inflación golpea la competitividad del país y en momentos en que el Banco Central permitió una aceleración de la depreciación diaria de la moneda.
El viceministro de Economía, Emanuel Alvarez Agis, dijo que el Ejecutivo busca un tipo de cambio de equilibrio que beneficie a exportadores e importadores, pero desechó una corrección como la que aplicó a mediados de enero cuando devaluó el peso en un 20 por ciento en apenas dos días.
La caída de la moneda aceleró la alta inflación en el país, que, según analistas privados, se espera supere este año el 30% tras haber alcanzado un 25 por ciento en 2013 y alentó expectativas de una mayor devaluación.
La economía argentina entró en recesión en el primer trimestre de este año por una caída en el consumo y la inversión, y el panorama podría deteriorarse aún más luego de que el país cayó en default a fines de junio en medio de una puja judicial en Estados Unidos con tenedores de bonos que dejó de pagar en 2002.
El jefe de la influyente Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, dijo recientemente que el dólar debería valer al menos hasta los 10 pesos si el país quiere atraer inversiones, lo que implicaría una devaluación del 16% respecto de su nivel actual.
“Argentina tuvo un corrimiento del tipo de cambio importante en enero y ahora lo escuchamos a Méndez que pide lo mismo. Y nosotros no vamos a reinventar la historia. Siempre que el tipo de cambio aumenta bruscamente Argentina enfrenta tensiones en materia de inflación”, dijo Alvarez Agis.
“Este Gobierno no va a aplicar ese programa”, agregó.
Pesos de sobra, dólares que faltan
son varios los analistas que afirman que el Ejecutivo no debe subestimar el campo de las expectativas de la opinión pública.
Es decir, aun cuando no se produjera un litigio masivo por parte de los bonistas que no pueden cobrar, si se generalizara una sensación de crisis, se gatillarán mecanismos defensivos por parte de los argentinos que harán disparar los precios y al dólar.
Algo de eso se evidencia en la cotización del blue. Los analistas creen que la tensión del mercado se puede agudizar todavía más en la medida en que las expectativas empeoren.
“Cuando se perciba que el incumplimiento de deuda con bonistas vino para quedarse, esto va a implicar mayores expectativas de devaluación, más inflación y seguramente más controles del Gobierno”, anticipaba días atrás Diego Giacomini, economista jefe de Economía & Regiones.
Desde su punto de vista, uno de los peores riesgos de cara a los meses que vienen será que, en el intento de revertir el estancamiento, el Ejecutivo agrave la situación por la vía de una expansión descontrolada del gasto público.
“A mayor emisión monetaria, peor será la relación entre pesos y dólares, con lo cual este círculo negativo se retroalimentará”, agrega.
En la misma línea argumenta el influyente Miguel Angel Broda, para quien “el Gobierno decidió inundar de pesos todo, con una ampliación presupuestaria inédita, que es entre siete y doce veces más de la de otros años”.
“Y recién estamos en agosto”, recuerda, para enfatizar lo largo que puede ser el camino por delante.

Encima, después de varios meses consecutivos de ser agente comprador, este jueves el Banco Central debió vender 10 millones de dólares para abastecer de divisas al mercado.
Un dólar cocinándose a fuego lento
En cualquier caso, la forma en la que los economistas creen que se manifestará la inconsistencia económica es la clásica de la Argentina: una devaluación brusca.
Como se prevé que la emisión monetaria aumentará mientras que las reservas, en el mejor de los casos, quedarán estabilizadas en torno de u$s28.000 millones, los pronósticos apuntan a que el dólar paralelo pueda superar los $15 antes de fin año.
Y en lo que respecta al oficial, el consenso es que, como mínimo, se deslizará un 20% respecto de su valor actual.
Para el economista Federico Muñoz (que ya había realizado una advertencia similar sobre fines del año pasado, antes de la última devaluación), hay peligro de que se repita la tensión cambiaria antes de enero 2015.
No oculta su escepticismo sobre el debate interno del Gobierno.
“Si triunfa la posición racional de Fábrega, con astringencia monetaria, sufriremos una profundización de la recesión. Si en cambio prevalece la posición de Kicillof, presagiamos violentas turbulencias financieras antes de fin de año”, afirma.
Ese escenario, advierte, no sólo implicará una ampliación de la brecha cambiaria, sino que el nerviosismo podría también afectar al sistema bancario.
Obstáculos
A la hora de identificar los principales obstáculos para sus negocios, los ejecutivos se quejan de la incertidumbre política y, sobre todo, del nerviosismo que genera el problema irresuelto de la deuda soberana.
“En estos meses por delante vamos a vivir en una volatilidad enorme, con un tobogán de dichos y contradichos que a la economía real le hace horrible”, sostiene el economista Tomás Bulat.
Y plantea que su temor es que, ante las señales recesivas, la única respuesta del Ejecutivo sea el aumento del gasto público, lo cual podría llevar a una crisis inflacionaria.
“El Gobierno siempre tiende a hacer lo mismo. Volcar más plata a la calle, emitir más dinero para forzar la economía, controles de precios, intervención en las tasas de interés… y los resultados serán obviamente los mismos”, asegura.
De momento, los hechos parecen darle la razón, ya que la batería de medidas anunciadas días atrás por Cristina Kirchner admiten que vendrá una gran expansión del gasto público, para compensar el hecho de que -tal como asegurara la mandataria- si “el sector privado no la pone, entonces la tiene que poner el Estado”.
En este contexto, el factor que analistas identifican como determinante para la economía es la manera en que se lleve adelante el conflicto con los “buitres”.

Más vencimientos, menos crédito
La Argentina está sufriendo ahora la peor combinación de todas: ya empezó a pagar las cuotas como resultado de haber hecho “buena letra” en sus acuerdos con Repsol y con el Club de París, sin el beneficio de acceder a las ventanillas de crédito.
Los economistas calculan que en este semestre el Gobierno deberá hacer frente a vencimientos por u$s3.000 millones. No debería ser algo difícil de enfrentar para una economía del tamaño de la de Argentina. Pero claro, para ello se necesita un flujo de dólares entrantes.
En los próximos meses ocurrirá lo contrario. Porque además de la falta de crédito, mermará el ingreso de la exportación agrícola, tanto por motivos estacionales como por la caída de los precios internacionales.
Como además las reservas del Banco Central deben destinarse prioritariamente a importar combustibles -una cuenta cada vez más pesada-, entonces algún rubro deberá sacrificarse como variable de ajuste.
Resulta sintomático el hecho de que los permisos de venta de dólares para ahorristas se hayan restringido en las últimas semanas.
Para los analistas no hay dudas sobre cuál será el ajuste más importante: una represión a las importaciones. Con el agravante de que eso no afecta solamente al consumo de productos finales, sino sobre todo a la industria, que depende de insumos y partes compradas en el exterior.
“Las perspectivas es que habrá menos oferta de divisas. Las exportaciones están cayendo y sin esa oferta es muy difícil pensar que el Gobierno pueda evitar una corrección en el dólar”, advierte Rodrigo Alvarez, economista jefe de Analytica.
Y agrega: “Lo podrá evitar por un tiempo, pero es notorio que hay un aumento en las expectativas de devaluación”.
En este contexto, todas las consultoras están revisando a la baja sus pronósticos sobre caída del PBI: las más optimistas pensaban que podía rondar el 1% y ahora se instala la idea de que puede ser de más de un 3 por ciento.
El costado más grave de esta situación es el empeoramiento del desempleo: la industria automotriz, en pleno desplome, ya afecta a más de 10.000 trabajadores, mientras que en la construcción ya se perdieron 20.000 puestos de trabajo.
Hasta ahora, la conflictividad sindical no ha sido tan grave, pero la perspectiva, en la medida en que la actividad no mejore, es la de un enrarecimiento del clima social.