Las cuevas sólo atienden a family & friends que quieran comprar blue. Funcionan como un club al que se accede por membresía: sólo recomendados que deben ir con un código secreto alfanumérico provisto por el mesadinerista. Es para evitar a los “topos”, que son los inspectores del gobierno que se hacen pasar por clientes. Igual que en el dólar ahorro de la AFIP, el blue también tiene su cupo diario: ‘una gamba’, que en la jerga son u$s 100.000.

2013roma. Este es el código alfanumérico secreto que tienen que decir los clientes para poder acceder a una de las tantas cuevas de la City a comprar blue. Por los estrictos controles del BCRA, las mesas ahora operan sólo con family & friends. Funcionan como un club al que se accede por membresía: sólo para recomendados de la gente de confianza.

Lo suelen hacer los cambistas de Once que están en la primera línea de riesgo, que no trabajan tanto con clientes frecuentes, sino más que nada con recomendados de brokers o casas de cambio, cuyos clientes necesitan dólares para irse a comprar a Perú, Bolivia o Paraguay.

“En la época de Guillermo Moreno la mano estuvo heavy en serio, ya que se metía en todas partes, era un cazador. Estos van siempre a los mismos lugares. El código te lo pasan en un papel, se le entregás al portero y te da el OK para que subas. El portero no puede estar sabiendo cómo es quien vos recomendaste, entonces le pasás el código. Es como un club cuando la mano viene pesada. Una vez que sos conocido pasás, pero la primera vez lo es todo”, relatan.

“Yo no te atiendo ni la puerta sino me decís quién sos, un código por ejemplo, o una confirmación inmediata física del cliente que me mande por Whatsup. Hoy el club se hizo de habituales”, revela un cuevero, que le teme a los ‘topos’. Así se conoce en la jerga a los clientes truchos: “Son inspectores de segundo o tercer nivel del BCRA o AFIP que sólo sirven para agarrar cuevas de arbolitos. No a cambistas o corretas medianos o grandes que trabajan con clientes hartamente conocidos o de membresía (recomendación de confianza total)”, detallan en el ambiente.

El que más fácil distingue al “topo” es el “green” (arbolito): “Por las preguntas que hace, el ‘topo’ rápidamente quiere ir al lugar de cambio, no le interesa el ‘perejil’ quiere a los mayores, y cuando va se da cuenta que hay muchos ‘perejiles’ y nunca ve a los cambistas mayores. Termina en un sexshop contando billetes”, comentan en el sector. En la actualidad, ninguna mesa mueve u$s 10 millones diarios en el blue, que se ha convertido en un mercado muy policéntrico: muchos pero muchos cambistas y corredores chicos moviendo entre u$s 200 y u$s 250.000 diarios, que totaliza entre u$s 25 y u$s 30 millones.

Las mesas grandes de los brokers desaparecieron: ya no hay un núcleo duro de casas de cambio y brokers que manejen la plaza, que en la época de Moreno eran los formadores de precios. Antes se sabía dónde se cocinaba el precio, ahora hay precio pero no se sabe dónde se forma. Hay un mercado más horizontal, con varios cambistas medianos que se transformaron en feudos de su zona para fijar una referencia, pero en última es el precio de mercado quien armoniza esas referencias dispersas, que nunca existieron a nivel mayorista, salvo cuando los grandes paraban todo a pedido de Moreno y quedaba sólo lo marginal operando.

“Tanto persiguen brokers y cambistas, que perdieron el GPS del mercado. Antes se movía mucho en tu lugar físico, era además más seguro. No es lo mismo tener tres cajeros blue en una cueva de un monoambiente con handies, que en un edificio corporativo, con otra seguridad, todo bajo tu control, donde el cliente se sentía cómodo, al poder mover varios bolsones para llevar o traer, ya que tenía cochera subterránea, y todo esto a 50 metros del Banco Central. Tus clientes pasan de operar en la casa de cambio a un cambista amigo en una oficina de la zona. Los clientes siempre están, y no vas a querer perderlos, por eso charlás y lo tercerizás a otro lugar”, revelan.

Al igual que en el caso de la AFIP con el dólar ahorro, el blue también tiene su propio cupo diario: “una gamba”, que en la jerga son u$s 100.000. En realidad son los límites de conseguir oferta. Al estar muy diseminado el blue, ya no hay 12 financieras que mueven la plaza y todas en el microcentro, lo que equivalía a dinero rápido. Hoy deben levantar muchos teléfonos y moverse. Por eso el spread es bajo: de entre 3 y 4 centavos en el mayorista: llamar a muchos para poder comprar genera eso. Confiesan que se hace difícil conseguir mas de “una gamba” sin que el cuevero amigo pida una “prima”. Es un extra de mercado, por el trabajo de tener que llamar a varios cambistas medianos para conseguir el monto. Eso implica mucho delivery, personal o con un empleado, que se cobra 5% más. Por lo tanto, el blue puede llegar hasta $ 13 como máximo, con una prima mínima de 30 centavos para montos grandes.

De todas formas, sin la demanda financiera, no hay demanda grande de dólares: los comerciantes de ropa compran de a puchito, entre u$s 7.000 y u$s 10.000 por cliente, pero son miles que lo hacen con una frecuencia de dos o tres veces a la semana, aunque algún mayorista apurado puede comprar u$s 100.000.