El stock de préstamos en dólares ya supera los u$s 7.100 millones. Influye, además de la tasa, que el Banco Central haya flexibilizado las condiciones para el endeudamiento. Además aumentaron los depósitos en esa moneda.

Los préstamos en dólares del sistema financiero a empresas acumulan un incremento espectacular del 140% en los últimos 12 meses, mientras que el stock ya supera los u$s 7.100 millones. El incremento obedece a varias razones, pero quizás la más importante es que la tasa de interés se ubica en torno del 5% anual en moneda dura, mucho más barata que cualquier línea en pesos teniendo en cuenta la estabilidad de la divisa. Pero, además, el Central flexibilizó hace ya varios meses las condiciones para que las empresas se puedan endeudar en dólares, ampliando el abanico no sólo a exportadoras (es decir, compañías que generan divisas), sino también a los proveedores de compañías que exporten.

El aumento del financiamiento en moneda dura va además de la mano del importante aumento de los depósitos en moneda extranjera. De esta forma, los bancos tienen un importante sobrante de liquidez en dólares que tienen que volcarlo al mercado para no quedarse con fondos improductivos, por lo que muchos de ellos salieron agresivamente a colocar estas líneas, la mayoría en la forma de prefinanciación de exportaciones. El plazo suele ubicarse en 180 días.

El incremento de la actividad exportadora, en especial lo que se espera para la próxima campaña del agro, llevaría incluso a un salto mayor de este tipo de financiamiento de corto plazo en moneda dura. Durante el cepo cambiario los préstamos en dólares colapsaron, sobre todo por la fuerte pérdida de los depósitos en moneda dura que cayeron a la mitad en los primeros meses de 2012 y prácticamente no se recuperaron hasta pocos meses antes de que finalice el mandato de Cristina de Kirchner. Ahora, lentamente, se acercan a los valores anteriores a noviembre de 2011, lo que le da más holgura a los bancos a la hora de salir a prestar. Como en la Argentina de hoy sobran más dólares que pesos, muchos individuos también vuelven a la alternativa de la financiación en moneda dura. La causa es la misma que lo que sucede entre las empresas: las tasas son más convenientes que las de pesos.

Las fuentes de financiamiento en dólares para el público ya no son los bancos. Desde 2002, luego del estallido de la Convertibilidad, se prohibió que el sistema financiero le preste en dólares a quienes no podían generarlos, como es el caso de un asalariado que cobra su sueldo en pesos.

Pero los préstamos en moneda dura sí pueden realizarse entre privados, no hay ninguna prohibición en ese sentido. Eso sí, a estos contratos todavía les pesa el fallo de la Corte Suprema, que varios años después de la salida del 1 a 1 dictó sentencia de “esfuerzo compartido”. De esta forma, quienes tenían una deuda en dólares terminaron pagándola en pesos a un tipo de cambio intermedio entre el 1 a 1 y el vigente al momento de la cancelación. Fue una suerte de fallo salomónico entre la pesificación total que sufrieron los préstamos bancarios y el salto que había pegado el dólar en los primeros años post-crisis.

Actualmente, los préstamos en dólares se realizan a través de distintos esquemas: por ejemplo entre particulares, o directamente otorgados de manera informal por una compañía financiera o cooperativa. ¿A cuánto asciende la tasa? Según el grado de conocimiento y confianza puede oscilar entre el 1% y el 1,5% mensual, es decir del 12% al 18% anual. Con una cotización relativamente estable, endeudarse en dólares puede ser una buena opción por ejemplo para saldar deudas en pesos. Los bancos cobran tasas del 40% anual para arriba por refinanciar la tarjeta de crédito. Ni hablar un préstamo personal, que puede ubicarse por encima del 50%. Por lo tanto, en esos casos puede resultar más atractivo endeudarse a corto plazo en dólares, ya que el peso de los intereses resultará menor que tomando un financiamiento en pesos.

Otro caso que suele darse es el de la financiación hipotecaria en compra de inmuebles. Éste es el caso de desarrolladores que compran un terreno, pero con saldo de precio en moneda dura. La hipoteca que se pacta, con el terreno como garantía, se cierra con tasas cercanas al 12% anual en dólares, lo que resulta mucho más atractivo que financiar ese saldo con un crédito en pesos.