La decisión del Gobierno de “planchar” el tipo de cambio oficial fue efectiva para desalentar las expectativas de devaluación, pero provoca efectos colaterales obviamente no deseados. Como la inflación sigue su curso, y aumenta a una velocidad crucero del 2% mensual, en caso de que no haya modificaciones en la política vinculada al dólar, en cuatro meses el tipo de cambio real volvería a niveles similares a los de 2001, el último año de la convertibilidad.

A esta conclusión llegó un análisis efectuado por la consultora M&S Consultores. Rodolfo Santángelo, uno de los socios, explicó que “la estrategia del Gobierno apunta a atrasar el tipo de cambio, pero si el dólar sigue aumentando a un ritmo menor que la inflación terminaremos en los mismos niveles que teníamos en la convertibilidad”. Las economías regionales, advierte, son las más afectadas por esta situación. Además, la caída de más de 16% de las exportaciones en octubre (la más importante en los últimos 15 años) también refleja los problemas crecientes del mercado para mantener niveles de competitividad.

Puntualmente, el trabajo efectuado por M&S puntualiza lo siguiente:

• El tipo de cambio real promedio de la convertibilidad a precios actuales es de $ 7,30.

• Sobre el final del mandato de Fernando de la Rúa, en 2001, producto de la deflación había subido levemente el tipo de cambio real hasta los $ 8 de hoy.

• En una simulación, considerando niveles de inflación del 2% mensual y un ritmo de devaluación del 1%, el tipo de cambio caería en cuatro o cinco meses a valores cercanos a $ 8. Y en diciembre de 2015, cuando vence el mandato de Cristina, bajaría a valores de $ 7,66 en términos reales, con lo cual el tipo de cambio caería a niveles tan bajos como los vigentes a lo largo de la convertibilidad.

La incógnita que se abre es cuánto más podrá aguantar el Gobierno sin realizar grandes modificaciones cambiarias, es decir atrasando el dólar oficial. El retraso cambiario sería compatible, según interpretan en el mercado, con el regreso al financiamiento internacional. Por lo tanto, para dejar el dólar oficial retrasado en forma permanente la opción más razonable sería arreglar finalmente con los “holdouts” para acceder a dólares a través del canal financiero.

Sin embargo, los problemas se seguirían agravando especialmente para los productores de bienes transables, que deben competir con el mundo. Varios aspectos erosionan la situación cambiaria de la Argentina: no sólo la elevada inflación, que aumenta los costos mes a mes en moneda dura, sino también la fortaleza del dólar contra otras monedas (en particular emergentes) y la caída de los precios de las materias primas, es decir de los principales productos de exportación del país.